Hace unos días tuve la oportunidad de probar una e-bike de carretera, la Specialized Turbo Creo SL COMP Carbon, gracias a Maestre Bikes, y testar de primera mano sus verdaderas ventajas y desventajas. Para una mujer como yo, que entrena poco por falta de tiempo, no está en muy buena forma física, pero que quiere a toda costa salir los fines de semana con la grupeta o la pareja, ha sido no sólo un gran descubrimiento, sino mi salvación.

Las clases de spinning están muy bien, pero cuando sales ahí fuera y empiezas a dar pedales, te das cuenta de que el asfalto se traga tu esfuerzo como un gargantúa y que seguir a los “profesionales” es para auténticas heroínas, no para tí.

Inicialmente era un poco escéptica, porque me había quedado con las críticas que había ido escuchado: que si eso no es andar en bici, que no haces esfuerzo, que es como una motocicleta, que pesan mucho, que te quedas tirado enseguida porque la batería no dura nada…

Cuando me subí a la bici eléctrica de carretera por primera vez y encendí el motor, descubrí lo que significa poder ponerme a rueda de los demás sin sufrir un calambre en las piernas. Tu pedalada, que sigue siendo la misma, se ve impulsada y asistida, permitiéndote llegar más lejos, hasta 130km de autonomía, pero con el mismo esfuerzo.

¡Y qué decir de las subidas! Esos puertitos con los que tenía pesadillas. Seleccionas el modo más potente del motor y ya no te quedas atrás, puedes seguirles a un ritmo digno, con esfuerzo, pero sonriendo y sin morir en el intento.

En Maestre me recomendaron, que la utilizara como una bicicleta normal, es decir, manteniendo una buena cadencia para que ni la cadena ni el motor sufran y que fuera jugando con los niveles de asistencia del motor, entre otras cosas, para que la batería me durara más tiempo.

Es cierto, que las bicicletas eléctricas son algo más pesadas que las normales, pero en ningún momento tuve esa sensación mientras pedaleaba sin asistencia. La e-bike de Specialized que me dejaron probar es tan ligera, que el peso adicional del motor, SL 1.1 de 240 vatios, no se notó. De hecho, es la bicicleta eléctrica de su clase, unos kilos más ligera que las de su clase.

Para que el motor entre en funcionamiento hay que pedalear y si se superan los 25km/h, por ejemplo en los descensos, el motor deja de funcionar. Lleva un sensor que detecta la velocidad de pedaleo.

Para los escépticos, decir también, que con las bicicletas eléctricas haces ejercicio y te cansas, te cansas mucho. Lo que si puedes hacer es modificar el nivel de asistencia y ayuda, de esa forma regulas tu esfuerzo, estiras tu rendimiento y tardas más en cansarte.

Quien crea que pedaleando sobre una bicicleta eléctrica no se hace ejercicio, tiene que probarla. Se hace ejercicio, se queman calorías y se suda. Horas pedaleando, ya sea en llano o subiendo un puerto de montaña, son horas pedaleando con o sin asistencia.

Existen en el mercado diferentes tipos de e-bikes, para todo tipo de ciclistas. Ya no se trata tan sólo de la posibilidad de utilizarla como medio alternativo al transporte convencional, ya sea público o privado en las ciudades, sino que brinda innumerables posibilidades para que cualquiera, experimentada o no, en forma o no, pueda disfrutar de rutas y salidas con las que no se atrevería con una bicicleta convencional.

En Maestre Bikes te ofrecen, igual que me ofrecieron a mí, la posibilidad de probar sus e-bikes de Test, porque para saber y decidir, antes hay que probar.

¡Animaros!